«Si la semilla se vende, se pierde»

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Madrugada del día sábado 25 de septiembre de 2021, un puñado de personas esperan en una intersección de la capital de la provincia para partir hacia la localidad de Medanitos, apenas a veinte kilómetros de la ciudad del pueblo de Fiambalá, en el límite de los Altos Andes y la puna catamarqueña. Allí se realiza, desde hace veinte años, la Feria de Semillas Nativas y Criollas.

Viajan productores de Santiago del Estero, artesanos, hilanderos, trabajadores y trabajadoras de la economía social y solidaria. El evento significa el reencuentro tras forzosa suspensión de la edición dos mil veinte. Nueve de la mañana, el sol abraza y abrasa mientras se preparan los puestos para una jornada histórica. Veinte años de construcción cultural en torno a la agroecología, los lazos solidarios, la promoción de la vida sustentable y el trabajo comunitario.

No hay concurrente que no esté colaborando con las demandas que van emergiendo. Las sillas y mesas son de los vecinos, los carteles de bienvenida los pintaron mujeres y hombres comprometidos con el sentido explícito de la Feria, hay mate cocido, pan casero y productos regionales que hablan de la producción familiar, de historias, de sabores y saberes.

La Unión de Pueblos de la Nación Diaguita realiza y encabeza una corpachada, un dar de comer a la Madre Tierra según las comunidades andinas. Se agradece y se pone en palabras la necesidad de ir mas allá del evento: se necesita organización. Entre las voces que van y vienen están las que resaltan el peligro de la instalación de megamineras en la región. Claro, acechan en Antofagasta de la Sierra, Andalgalá y en toda la región andina. De sur a norte y de norte a sur.

«Si la semilla se vende, se pierde», dicen por ahí. Por eso primero se realiza, con especial acento, un intercambio. No alcanzan los caracteres para enumerar la cantidad de variedades que circulan. Guardianes y guardianas de la vida, como Nicasio y Elena, referentes de la Asociación de Campesinos del Abaucán, impulsores y sostén de un encuentro que a cada año ve superadas sus expectativas.

Quienes también trabajan a destajo son los y las trabajadoras de Bienaventurados los Pobres, proveyendo de apoyo técnico y humano para garantizar una mayor convocatoria, un acompañamiento a quienes producen y una sistematización de lo que aquí ocurre.

Locro, lechón y empanadas, mucho mate, vino casero y sonrisas. La tarde alimenta estómagos y corazones. Se sortea una canasta de productos regionales, la mirada atenta de más de un centenar de almas que disfrutan de una jornada épica, histórica. La Feria de Semillas es sentido explícito de comunidad, es territorialidad, diálogo de saberes y cultura viva.

La juventud de la radio comunitaria FM Horizonte toma el micrófono. En conjunto con Be.Pe estrenan sus spots informativos concientizando sobre diversas temáticas de interés para la comunidad. La radio aparece, en este contexto, como vehículo – canal de un sinfín de palabras y voces que salen del silencio impuesto.

Para quien plasma en estas palabras, toca la hora de la vuelta. El sol sigue intacto, como si fuesen las doce del mediodía. El reloj marca cinco de la tarde y nuestro móvil regresa más cargado que antes, no solo por los plantines que las señoras llevan al costado de sus asientos o por las conservas que hacen las mochilas más pesadas. Atravesamos la Ruta Nacional Nº 60, llenos – después de tanto aislamiento – porque la comunidad en la tierra nos vuelve a contentar, nos da energías, nos convoca a seguir senti-pensando un mundo menos hostil, libre de opresiones y cuna de las semillas, las cuales, como a nuestro caminar mismo, hay que cultivar, cosechar y recuperar.

Escuchá el informativo FARCO con el reporte de FM Estación Sur sobre la jornada

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